Hola mi viejo amigo, tengo algo que contar, si yo se que después de tiempo te visito, pero a veces la rutina lo hace a uno esclavo del tiempo y del trabajo, y ya no hay tiempo para relajarse y visitar aquellas cosas que nos agrandan mucho. Si sabes que me gusta hacer música y escribir, lo primero le he venido haciendo, pero lo segundo... hace mucho que no lo hago, a menos que sea en las redes sociales, o para firmar algún que
otro documento. Es raro, pero el escribir, se me ha hecho un poco pesado, pero no sabes como lo extraño. 
Han pasado tantas cosas que contarlas en realidad ya no viene al caso, pero si he de decir que el cansancio me ha golpeado, y duro; si son esos días en los que no tienes ganas de animar a nadie, y el simple hecho de querer levantarte de la cama es una tarea de valientes.

Te lo explico fácil; me contaron que una vez un hombre miraba como su pequeño hijo se esforzaba por cargar una pesada caja para ponerla en su lugar, después de un buen rato el hombre le preguntó a su hijo:
- ¿Estás empleando todas tus fuerzas?
- Si- respondió el pequeño con un rostro desesperado.
- ¿Te apuesto a que no?- replico el padre.
EL niño lo miró extrañado, a lo que el padre agregó.
- Es que no me has pedido ayuda.
Y eso pasa siempre con nosotros, queremos pelear nuestras propias batallas, queremos vencer por nuestras propias fuerzas, o intentamos buscar ayuda en otros que no pueden ayudarnos del todo, cuando la mayor ayuda viene de aquel que es nuestro Padre, y que con solo pedirlo está dispuesto a ayudarnos, solo debemos decirle a ÉL que nos ayude en cualquiera cosa que nos esté afligiendo.
Pero para eso debes aceptar que ÉL es tu Creador, y Salvador, y el vendrá en tu ayuda.